







Haces el esfuerzo por comer bien y entrenar, pero tu cuerpo ya no responde como antes.
Te levantas cansada casi todos los días, aunque hayas dormido las horas suficientes.
Has probado dietas, entrenadores o nutricionistas y siempre acabas volviendo al mismo punto.
Comienzas a sentir que la edad o las hormonas son las culpables de que ya no puedas sentirte bien con tu cuerpo.
Ya no te sientes cómoda frente al espejo y no te reconoces como antes.
